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La
Comisión de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, en su sesión
de 28 de octubre de 2002, aprobó un Informe elaborado por la Ponencia
sobre la difusión de la dieta mediterránea mediante la cual se insta al
Gobierno a iniciar acciones de investigación, difusión y promoción de
la dieta mediterránea.
Según los ponentes -entre
los que se encuentran senadores de todos los grupos políticos- a lo largo
de los últimos decenios la alimentación de los españoles ha sufrido
cambios notables. La dieta de nuestros abuelos y padres se ha visto
modificada por nuevos hábitos de consumo que han alterado nuestra
alimentación.
Estas modificaciones
fueron propiciadas por modas o consejos dietéticos, que afortunadamente
la ciencia de la nutrición moderna ha corregido.ഊAlcuza /
Actualidad del Olivar A través de múltiples y bien fundados estudios,
hoy conocemos, que el consumo de vino de forma moderada influye
positivamente en la salud humana, previniendo problemas cardiovasculares y
de carácter reumático.
El consumo de aceite de
oliva, no sólo no contribuye, como en algún momento se le había
achacado, al incremento del colesterol, sino que ayuda a reducirlo. El
consumo de pan se muestra como una excelente previsión de problemas
cancerígenos en el sistema digestivo.
Un comité con los
mejores expertos
La ponencia sobre la dieta
mediterránea ha contado con comparecientes del mundo médico, científico
y profesional de gran nivel. Entre ellos destacan: Pedro Mata López, Jefe
clínico de Medicina Interna de la Fundación Jiménez Díaz; Francisco
Pérez Jiménez, Catedrático de Medicina Interna del Hospital Reina
Sofía de Córdoba; Francisco Simón Vila, Director General de
Alimentación; Luis Serra Majem, Catedrático de Medicina Preventiva y
Salud Pública del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Las
Palmas de Gran Canaria; Juan Francisco Santana Armas, Médico experto en
Epidemiología Nutricional; Antonia Trichopoulou, profesora de Medicina
Preventiva y Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de
Atenas; Lina Badimón Maestro, Jefa del Departamento de Patología
Molecular y Terapéutica del Instituto de Investigaciones Biomédicas de
Barcelona; Ramón Segura, Catedrático de Fisiología y Director del
Master en Nutrición de la Universidad de Barcelona; Francisco Sensat
Alemany, Vicepresidente de la Fundación para el Desarrollo de la Dieta
Mediterránea; Flaminio Fidanza, profesor de la Universidad de Perugia
(Italia) y experto en dieta mediterránea; Agustín López Ontiveros,
Presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Baena
(Córdoba) y Antonio Cruces, Director Gerente de la Fundación para la
Investigación del Vino y la Nutrición.
Investigación
científica y síntesis histórica
La investigación
científica asocia la dieta mediterránea al elevado consumo de frutas,
verduras, cereales, leguminosas, frutos secos, que permiten ingesta de
fibra, pescado, con la incorporación de ácido graso omega 3, y, sobre
todo, de aceite de oliva virgen.
En una síntesis
histórica, común a toda la cuenca mediterránea, cabe decir que la dieta
mediterránea es una dieta frugal y, principalmente, vegetal, que reposa
sobre tres pilares tradicionales: el aceite de oliva, el vino y el trigo.
Todos estos componentes
son ricos en vitaminas antioxidantes, singularmente las vitaminas A, B1, C
y E, que contribuyen a evitar la mortalidad cardio-vascular, efecto
derivado del descenso del colesterol negativo y aumento del colesterol
positivo, como es el HDL.
Aceite de oliva y dieta
mediterránea
Según la ponencia del
Senado, el aceite de oliva virgen es un claro ejemplo de alimento
funcional, en cuanto que tiene sustancias beneficiosas para la salud.
Si a ello sumamos el
consumo, antes referido, de frutas, verduras y legumbres, vemos que, como
acreditan los trabajos de investigación conocidos por la Ponencia, la
dieta mediterránea es muy eficaz para la prevención y tratamiento de
enfermedades como la diabetes, tan vinculada a la obesidad, de progresiva
incidencia ésta en la poblacion infantil, el cáncer de colon, de mama y
de próstata, así como efectos beneficiosos constatados en el tratamiento
de la artritis reu-matoide, el Alzheimer y la depresión.
Un estilo de vida
Los estudios científicos
asocian las virtudes de la dieta mediterránea no sólo a la ingesta de
los productos que la integran sino a un “estilo de vida” multi-factorial
que se vincula a la vida familiar, con un alto grado de afectividad y ocio
compartido, a hábitos como la lactancia materna y a costumbre como la
siesta y el ejercicio físico.
Los poderes públicos
deberán también llevar a cabo, en defensa de los productos que componen
la dieta mediterránea, y singularmente del aceite de oliva virgen, una
acción eficaz, sobre todo en el marco de las instituciones europeas, para
el establecimiento de un etiquetado que evite referencias genéricas que
no identifican aquellos e inducen a con-fusión en los consumidores.
Las Administraciones
educativas deberán asegurar una formación suficiente en materia de dieta
mediterránea, incorporando ésta a los planes de enseñanza mediante la
exigencia de conocimientos teóricos y prácticos (módulos de cocina),
con el objeto de difundir hábitos saludables de alimentación, así como
mantener el conocimiento de las prácticas tradicionales de elaboración
de los alimentos.
Hoy no puede ignorarse el
riesgo de que estas desaparezcan ante el predominio de la “comida
rápida” (fast food) y de industrias alimentarias, como en el caso de
determinados precocinados, ges-tionadas exclusivamente con criterios de
rentabilidad económica y no de salubridad.
La dieta mediterránea es
una dieta frugal y, principalmente, vegetal, que reposa sobre tres pilares
tradicionales: el aceite de oliva, el vino y el trigo
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